Perdón y compasión

Perdón y compasión

El Perdón y compasión, forman parte de la moderación, la virtud que hace referencia a la expresión apropiada y moderada de apetitos y necesidades. Una persona centrada no reprime sus ansias, pero espera el momento oportuno para satisfacer esas ambiciones, utilizando la manera menos perjudicial para los demás.

Esta capacidad, también llamada misericordia, consiste en la fortaleza de perdonar a los seres humanos que han cometido una acción perjudicial, voluntaria o involuntariamente, proporcionándoles otra posibilidad de actuar correctamente sin rencor, odio ni venganza.

El Perdón y compasión generan cambios beneficiosos para la persona

Dicho de otro modo, perdonar nos saca de un estado de ansiedad (lucha o huida), y nos facilita estados biológicamente más saludables.

Pero cuando hablamos de perdonar, cada uno piensa en algo distinto. Incluso los investigadores definen el perdón de forma diferente, y así, cada uno llega a una conclusión distinta.

Si consideramos perdonar en un escenario de transgresión, donde la persona ofendida se apega de forma negativa al ofensor, el hecho de perdonar sería el proceso de abandonar ese apego negativo, es decir, de desvincularse emocionalmente del ofensor. En este escenario, perdonar sería dejar de experimentar pensamientos, emociones o comportamientos por parte de la víctima hacia el transgresor y las consecuencias de sus acciones.

En este caso, la víctima puede desarrollar benevolencia y sentimientos positivos e incluso intentar una reconciliación, que no es obligatoria, y no es incompatible con reclamar justicia, siempre y cuando no surja de la venganza.

El Perdón y la motivación personal

Otro escenario es el de la motivación personal. En este escenario los sentimientos y los pensamientos no son tan importantes, lo importante sería disminuir la motivación para evitar al ofensor o buscar venganza, y aumentar la motivación hacia la benevolencia.

Esto de la benevolencia sale por todas partes, hasta el punto que todos los autores que han estudiado el perdón, incluyen la necesidad de promover sentimientos de benevolencia, de forma que la persona ofendida pueda desarrollar la voluntad de abandonar el derecho al resentimiento, los juicios negativos y las actitudes de indiferencia hacia quienes nos han lastimado o injuriado, posibilitando a desarrollar sentimientos de amor, generosidad y compasión para las personas que han obrado mal.

En algunos casos se puede dar la opción de compensar, es decir, conseguir que la víctima pueda sentir a la persona que la ha ofendido no como una amenaza y poder así analizar con el agresor la situación vivida y el dolor generado. ¿Quién no se ha dedicado en algún momento a tratar de hacer entender a su hijo pequeño que “no se pega” o a consolar a la víctima del rastrillazo en el arenero del parque?

El perdón es, a menudo, un deseo inexcusable de la víctima para poder así librarse de ese recuerdo doloroso, no es necesario que el agresor pida perdón para que se genere. Y, obviamente, no cuesta lo mismo perdonar una mentira infantil que un asesinato.

El alivio que genera el Perdón y compasión

De hecho, el Perdón y compasión son opcionales. Aunque se vive como una liberación, muchas personas necesitan esa carga para protegerse del dolor que aún les produce la agresión. Cuando sanamos las heridas, podemos perdonar. Hasta entonces, muchas veces, los sentimientos de fuerte conexión emocional negativa nos ayudan a trabajar hacia la reparación del daño y la prevención de más agresiones.

No olvidemos que muchas personas, por su propia definición de perdón, lo identifican con volver a empezar y se posicionan en la misma actitud que no pudo impedir la agresión, es decir, se posicionan de nuevo como victimables.

Como decía antes, no es lo mismo la ofensa infantil de nuestros hijos que la ofensa de nuestros padres adultos, o de nuestra pareja adulta, o de otros adultos.

Ante nuestros hijos, sentirnos sus víctimas y sentirnos ofendidos por sus necesidades, su curiosidad, su no comprensión de las normas adultas, etc., no nos va a ayudar a establecer una relación sana con ellos. Como padres, ser compasivos con los niños, resulta imprescindible para adoptar una mirada distinta sobre la infancia, sin coherción, sin violencia.

Para ser compasivos con los niños, muchas veces hemos de mirar nuestra propia infancia y ver de dónde surgen todos esos sentimientos de “justicia compensatoria” para con los niños. A veces resulta indispensable enfadarse con los propios padres y luego perdonarlos, para poder perdonarnos a nosotros mismos y finalmente ser compasivos y benevolentes con los niños que están a nuestro cargo.

5 formas de cultivar el Perdón y compasión 

el Perdón y compasión implica perdonar a aquellos que han obrado mal con nosotros o nos han ofendido.

El perdón posibilita aceptar las rarezas de las otras personas, ofrecerles una segunda oportunidad y alejar la tentación de ser vengativo o rencoroso.

El perdón y compasión, nos permite dejar de lado la negatividad autodestructiva asociada con la ira y extender la compasión hacia el transgresor.

  • Recuerda aquellas veces en que hayas ofendido a alguien y hayas sido perdonado, y haz ese regalo a otras personas.
  • Valora tus sentimientos previamente a haber perdonado y posteriormente.
  • Ponte en el punto de vista del ofensor y entiende desde su perspectiva porqué te ha ofendido. Después valora si tu reacción te está dañando más que el ofensor.
  • Haz una lista de individuos a los que guardas rencor. Después puedes, bien reunirte con ellos personalmente bien visualizarlos, para hablar acerca de cómo hacer que lo pasado sea pasado, o no.
  • Reúnete con alguna persona que te haya ofendido en el pasado, especialmente si es alguien de tu familia. Dile que lo/la has perdonado/a, o sencillamente compórtate amablemente con él/ella.

Vídeo sobre Perdón y compasión – Mindfulness con Ernesto Núñez

Vídeo sobre Perdón y compasión – Mindfulness con Ernesto Núñez del canal de:

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