Gestionar la ira

Gestionar la Ira

¿Cómo gestionar la Ira?

Gestionar la ira

Comprender la ira y el control de la misma

Aprende sobre la ira y cómo ayudar a los niños y jóvenes a gestionarla.

Comprender la ira

Es normal enfadarse de vez en cuando. Sin embargo, si una persona está irritada la mayor parte del tiempo o tiende a perder los nervios rápidamente y con frecuencia, la ira puede ser un problema.

A medida que envejecemos, es importante aprender a controlar nuestra ira en lugar de dejar que nos controle.

Como todas las emociones, la ira es compleja. Puede ir desde la simple molestia hasta la rabia, y varía de una persona a otra y de una situación a otra.

El estrés en el hogar, la escuela o el trabajo también puede precipitar la ira en una persona.

Los grandes cambios hormonales que se producen durante la adolescencia complican aún más los estados de ánimo y las emociones:

    La ira puede aparecer a veces sin motivo aparente, y su aparición e intensidad repentinas pueden tomar a todos por sorpresa.

    Los sentimientos de ira pueden estar presentes a menudo sin ninguna razón clara.

    La ira puede enmascarar o sustituir otros sentimientos dolorosos como el miedo, el dolor, la culpa, los celos, la frustración o la vergüenza.

Es importante que los jóvenes aprendan a reconocer y expresar la ira y otros sentimientos dolorosos de una manera sana y constructiva para todos los implicados.

Gestión de la ira

El miedo y la ira son dos poderosos motivadores que pueden desencadenar una respuesta de lucha o huida.

El ritmo cardíaco y la respiración pueden aumentar, la persona puede sonrojarse, apretar las mandíbulas y los puños y levantar la voz. Este es el cuerpo preparándose para actuar.

La ira puede tratarse de forma sana o insana. Ignorar los sentimientos de ira no ayuda y puede conducir a sentimientos de amargura, resentimiento e incluso odio.

 En última instancia, la ira oculta o reprimida puede ser perjudicial para uno mismo y para los demás.

Además, las rabietas no resuelven los problemas. Por el contrario, pueden crearlos. Como mínimo, pueden ser embarazosas y, en el peor de los casos, pueden crear situaciones peligrosas.

En última instancia, la ira incontrolada puede conducir a la violencia y arruinar la vida de los jóvenes.

Aquí tienes algunas ideas que puedes dar a los jóvenes para ayudarles a controlar su ira:

  • Cuando surgen sentimientos de enfado, es el momento de detenerse y pensar en ello. ¿De dónde viene la ira? Encontrar las razones de la ira es el primer paso para encontrar una solución.
  • Piensa en decirle a alguien de confianza cómo te sientes. El mero hecho de hablar con alguien puede ayudar a aliviar los sentimientos intensos y a que los demás comprendan tu situación. Además, verbalizar puede ayudarte a entender lo que está ocurriendo más fácilmente que si te guardas tus pensamientos y sentimientos.
  • Si resulta que la ira esconde otros sentimientos como el miedo o la ansiedad, puedes buscar ayuda y sentirte mucho mejor. Sin embargo, primero debes darte permiso para identificar honestamente tus sentimientos y hablar con alguien sobre ellos.

Para controlar nuestra ira y redirigirla hacia soluciones positivas, tenemos que estar en sintonía con nuestros pensamientos y sentimientos, de hecho, con lo que ocurre en nuestro interior. Para poder controlarnos, necesitamos conocer y comprender lo que ocurre en nuestro interior.

Gestionar la ira no es fácil. Se necesita práctica. Es una habilidad que se aprende y un proceso continuo, porque siempre hay algo que nos hace enfadar.

Reducir el estrés y limitar la ira

Puede que sea imposible deshacerse de los sentimientos de ira, pero es importante aprender a controlar la ira y no dejar que nos controle.

Las actividades que pueden reducir el estrés también pueden ayudar a reducir los sentimientos de ira y a controlar la ira cuando sea necesario.

Aquí tienes algunos consejos que puedes dar a un joven con problemas de ira:

  • Sé activo. Salga a caminar o a correr. El ejercicio tiene efectos positivos en el cuerpo y la mente.
  • Duerme lo suficiente y come bien. El descanso y la sensación de bienestar físico pueden ayudarle a mantener la calma.
  • Expresa tus sentimientos escribiendo, dibujando o cantando. No los reprimas. Sácalos y explótalos.
  • Mantén la calma. Intenta meditar. Respira profundamente. La práctica regular es esencial.
  • Distráete. Escuchar música, leer un libro, ir al cine. Sal de ti mismo.
  • Habla con alguien de confianza sobre tus sentimientos. Le ayudará a entender lo que está pasando.

No importa lo que nos haga enfadar, lo más importante es cómo lo afrontamos. La ira es un sentimiento. Lo que importa es lo que hacemos con ella.

Consejos para aprender a canalizar tu ira

Sí, hay rabia y hay enfado. A veces, la ira puede ser útil, por no decir necesaria, por ejemplo, cuando pretende protegerte de un ataque. Una mujer que es víctima de un intento de robo puede vencer a su agresor enfadándose, en lugar de someterse. En este contexto, la ira es un mecanismo de defensa, clasificado como mecanismo de defensa maduro.

Sin embargo, la ira es a menudo una reacción desproporcionada e instintiva a una situación que, en retrospectiva, es bastante normal.

Entonces se desencadena por una acumulación de factores, como el cansancio, las frustraciones o las decepciones que se han producido en las horas anteriores. Y, de repente, estallas: la famosa gota que colma el vaso. Es esta ira la que intentaremos canalizar.

Analiza tu ira

Para entender cómo y por qué te enfadas, primero debes observarte a ti mismo. Retroceda en el tiempo: ¿qué pasó antes de que usted explotara?

Haciendo este ejercicio, entenderás el mecanismo de acumulación de eventos distintos (o vinculados), que te llevaron a enfadarte, y a perder todo el control.

La ira suele ser la consecuencia de otros acontecimientos, que tu mente y tu cuerpo traducirán en emociones.

Detectar las señales de alarma

Con este análisis, podrá detectar las señales que le envía su cerebro, para poder actuar antes de que sea demasiado tarde.

Cansancio, suspiros, manos temblorosas, dificultad para concentrarse, cavilaciones, ganas de no hacer nada o de dejarlo todo. ¡Estas son las señales!

Actuar antes de que sea demasiado tarde

Has tomado conciencia de lo que te pone en un estado que desencadena tu ira. ¡Eso es genial! La segunda parte es no sufrir, sino actuar.

Antes de que la ira te abrume. Hay varias estrategias para hacerlo.

– Si te sientes enfadado, es decir, no estás lejos de enfadarte, pero aún no has explotado: Aléjate.

– Otra solución, más pragmática, es hacer deporte. Sí, cualquier deporte, que moviliza la energía, pero también libera endorfinas en el cuerpo, ayuda a contener la ira.

Como alternativa, existe otra técnica, también recomendada por muchos terapeutas: la escritura.

Sí, escribe, sobre lo que está causando tu ira. Anota en un papel, en una agenda, en una nota en tu smartphone, en un correo electrónico que te envíes sólo a ti mismo, lo que hay en tu corazón.

Evite las situaciones que desencadenan su ira

Ahora ya sabes cómo detectar lo que desencadena tu ira, y controlarla antes de que estalle. El siguiente paso es evitar los desencadenantes.

Ya sea un lugar, una persona o una situación que te hace enfadar, tienes el poder de decir no. No irás a ese lugar, no verás a esa persona, no te pondrás en esa situación. Esto se llama estrategia de evasión.

Pero si, a pesar de todo, tienes que pasar por una de estas situaciones de riesgo, comparte lo que te está causando ese enfado con alguien de confianza, que pueda ayudarte con palabras amables, o sacándote de dudas.

Como puedes ver, en conclusión, la ira no es inevitable. Antes de que llegue y te abrume, y te haga decir o hacer cosas estúpidas, puedes evitarlo, porque normalmente sólo te traerá problemas.

Pero para ello, es importante eliminar o evitar lo que lo desencadena, y si no, evacuar regularmente, antes de que el vaso se llene, ¡y se desborde!

Video sobre las claves para Gestionar la Ira

Video sobre las claves para Gestionar la Ira, del canal de:

Borja Vilaseca