Fracaso escolar II

En primer lugar, es importante señalar que el fracaso escolar se presenta como un concepto controvertido, para el que cada autor parece interesado en aportar su propio matiz diferenciador. Surgido en la década de los setenta, en general existe cierto consenso en considerarlo como “la incapacidad de un individuo para alcanzar los objetivos educativos propuestos por un Sistema o Centro Escolar para un determinado nivel curricular”1 siempre y cuando no exista un trastorno del desarrollo físico o mental que lo impida. Por tanto, el fracaso escolar no se aplica a personas que no alcanzan un desarrollo educativo determinado para el que no están capacitadas, sino a aquellas personas que no llevan a cabo un aprovechamiento real de sus recursos intelectuales, al punto que, en muchos casos, no culminan con éxito la enseñanza obligatoria, o bien a su término se desvinculan del compromiso para llevar a cabo nuevos aprendizajes.

 

Jóvenes estudiando en biblioteca

También es importante no confundir el fracaso escolar con otros conceptos paralelos o relacionados, como el retraso escolar (demora en el aprendizaje para una edad determinada), la fobia escolar (ansiedad por tener que ir al colegio o respecto a alguna situación escolar), el absentismo escolar (ausencia reiterada e injustificada de asistencia a clase), el desinterés escolar (apatía, indiferencia y desmotivación por lo que se aprende en la escuela) o la inflexión escolar (descenso pasajero y sin razón aparente de las calificaciones escolares habituales). En cualquier caso, a nadie escapa que estos conceptos pueden ser, en última instancia, tanto causas desencadenantes del fracaso escolar, como síntomas sobrevenidos durante su desarrollo.

En lo que sí parece haber unanimidad entre los diferentes investigadores es en que no existe una única variable capaz de explicar el fracaso escolar, ofreciendo éste un carácter multicausal1 o multifactorial, con un amplio abanico de variables causales que suelen actuar de un modo dialéctico e interrelacionado. De un modo amplio,algunos autores diferencian entre:

      ●Factores personales,

como la capacidad de aprendizaje, el desarrollo neurofisiológico o el estado somático o emocional del adolescente. Entre ellos destacan la dislexia (dificultad en el aprendizaje de la lectura), la disgrafía (dificultad en el aprendizaje de la escritura), la discalculia (dificultad para el cálculo matemático) y el TDAH (o Trastorno por déficit de atención con hiperactividad, caracterizado por una actividad motora excesiva que propicia impulsividad y problemas de atención sostenida).

      ●Factores familiares,

como el estatus socioeconómico familiar, el modelo familiar (familia nuclear, extensa, monoparental), el nivel educativo de los padres o la disciplina y el clima internos de la familia, habiéndose demostrado cierta correlación empírica entre estos factores y el fracaso o el éxito escolar de los hijos. Como señala la Confederación Católica de Padres (CONCAPA), “el esfuerzo personal y la disciplina, desde la familia, son claves para evitar el fracaso escolar”, pues “la disciplina y el orden garantizan el rendimiento escolar y dan seguridad en sí mismos a los alumnos, algo que en nuestro sistema escolar escasea”1.

      ●Factores escolares o educativos,

como el tipo de escuela, los contenidos del plan de estudios, la formación y motivación del profesorado o el nivel del gasto en educación del país. A modo de ejemplo, el Índice de Desarrollo Educativo (IDE) de la UNESCO2 sitúa a España en el puesto 26 en desarrollo educativo, coincidiendo en gran medida con su puesto 23 en gasto educativo, siendo el penúltimo país en gasto por estudiante en Educación Secundaria de la Unión Europea. Como señala el catedrático y ex Secretario de Estado de Educación Álvaro Marchesi, los datos demuestran que “cuando el gasto por alumno se incrementa, aumentan también las puntuaciones de los alumnos”, de tal modo que “el rendimiento de los alumnos españoles se sitúa donde le corresponde de acuerdo a su gasto educativo”3.

      ●Factores sociales.

De carácter muy amplio, de entre estos factores la catedrática de Psicología Evolutiva Rosario Ortega señala el bullying o violencia escolar como una de las causas más importantes del absentismo y del fracaso escolar4. Por su parte, el Inspector de educación y ex Secretario de Estado de Educación Arturo Ramo apunta que las nuevas tecnologías también pueden resultar negativas para el rendimiento escolar de los alumnos: según la Asociación de Telespectadores y Radioyentes, los niños españoles son los más teleadictos de Europa, con el 97 % de ellos enganchados una media de tres horas y veinte minutos diarios; y según la Asociación de Fabricantes de Juguetes, el 60 % de los niños españoles poseen algún videojuego.

 

No deseamos concluir el tema del fracaso escolar sin destacar la necesidad de su análisis, diagnóstico y búsqueda de soluciones inmediatas por parte de las instituciones responsables de ello.

 

Psicóloga

Claudia Alberto Fermanelli

 

 

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