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¿Cómo apoyamos a nuestros hijos en los estudios?


La educación de los hijos es responsabilidad principalmente de los padres, los primeros educadores, y la sociedad exige que esta función la desempeñe la familia, adecuadamente. Los padres son los primeros agentes del aprendizaje, es en el hogar donde el niño comienza a conocer sus primeras palabras y a relacionarse con otras personas, en un medio de aceptación y confianza. La familia es el ámbito donde se desarrolla el principio de este desafiante camino que es la educación y la formación de los hijos.

Lo primero es situarse frente a la situación en forma positiva, y buscar el lado satisfactorio de la misma: compartir un momento agradable con los hijos, y comprobar que están creciendo intelectualmente, y que día a día logran nuevos desafíos cognitivos.


Los padres pueden esforzarse creativamente para enseñarles a sus hijos que estudiar y conocer, es útil, sorprendente y entretenido. Demostrarles que realmente les interesa su educación y formación; y que se sienten, como padres, responsables de las mismas.


La educación de los hijos es demasiado importante para dejarla sólo en manos de los maestros y profesores. Es fundamental participar activamente para evitar el fracaso escolar. Y saber, que de acuerdo al estadio de desarrollo cognitivo en que se encuentra, el niño, será capaz de lograr unos u otros conocimientos y habilidades. De esta manera no le demandarán más de lo que pueda lograr y podrán saber si ha alcanzado la madurez apropiada.

Se adquieren, además, en este período conceptos como el de conservación, inclusión de clases, adopción de perspectiva. Los niños adquieren operaciones y sistemas de acciones mentales internas reversibles y organizadas que les permiten superar las limitaciones del pensamiento pre-operacional propio del estadio anterior a los 6 años.

Luego, en la adolescencia, entre 12 y 18 años, se da un importante cambio, en forma progresiva, a nivel del desarrollo cognitivo; es la etapa que marca el comienzo de procesos de pensamientos más complejos, denominado estadio de operaciones lógico-formales. Entre ellos se encuentran el pensamiento abstracto (por ejemplo, analizar posibilidades), la capacidad de razonar a partir de principios conocidos (construir por uno mismo nuevas ideas o elaborar preguntas), la capacidad de considerar distintos puntos de vista según criterios variables (comparar o debatir acerca de ideas u opiniones) y la capacidad de pensar acerca del proceso del pensamiento.

Los padres actualmente se interesan por el seguimiento de sus hijos en las actividades escolares, y son conscientes de la importancia de su apoyo en el hogar para el buen desempeño de éstos en el ámbito educativo. El problema surge ante la pregunta: ¿Cómo apoyarlos de la mejor manera posible, y qué, necesitan, realmente, para mejorar su rendimiento académico?


Los niños, muchas veces requieren a sus padres que les expliquen un tema porque no lo entienden o simplemente solicitan ayuda, pero a la vez, están demandando que los motiven y acompañen en su organización. Ya que es ésta la que les permitirá establecer un hábito de estudio, necesario para facilitar la concentración en el hogar sobre los temas escolares, después de haber estado muchas horas en las aulas.

Niña leyendo cuento con su madre Chica sonriente sujetando libros

Desarrollo cognitivo

El desarrollo cognitivo se refiere al progreso de la capacidad de pensar y razonar del niño.


A la edad de seis años, que coincide con el inicio de la escolarización propiamente dicha, se atraviesa un momento trascendente en el desarrollo mental. Ya hablemos de la inteligencia, de la vida afectiva, o de las relaciones sociales, estamos ante el surgimiento de organizaciones mentales nuevas, que superan las construcciones mentales del período evolutivo anterior y les aseguran un equilibrio más estable.


Los niños entre 6 y 12 años de edad, desarrollan el pensamiento denominado de operaciones concretas como, por ejemplo, combinar (sumar), separar (restar o dividir), ordenar (alfabéticamente o por clase) y transformar objetos y acciones. Estas operaciones son llamadas concretas porque los objetos y hechos sobre los que se está pensando se encuentran físicamente presentes frente al niño.

Las operaciones mentales pueden aplicarse a lo posible e hipotético, además de a lo real; al futuro así como al presente, y a afirmaciones o proposiciones puramente verbales o lógicas. Los adolescentes adquieren el pensamiento científico, con su razonamiento hipotético-deductivo, y el razonamiento lógico con su razonamiento interproposicional. Pueden entender ya conceptos muy abstractos. Cada adolescente elabora un punto de vista propio acerca del mundo.


La presencia de cuestiones emocionales frecuentemente interfiere en la capacidad que el adolescente tiene para pensar con mayor complejidad. La habilidad para considerar posibilidades y hechos puede influir ya sea de manera positiva o negativa en la toma de decisiones.

Decálogo de consejos


Es importante tener en cuenta los siguientes aspectos para lograr un hábito de estudio en los niños:


1.- Disponer de un espacio físico apropiado y fijo en el hogar. Debe ser un ámbito tranquilo, alejado de los ruidos del hogar que distraerán su atención. Además, debe estar bien iluminado, en lo posible con luz natural; y los niños deben sentirlo agradable y confortable.


2.- Establecer un horario diario de estudio. Algo que parece obvio pero difícil de implementar. Es fundamental para establecer un hábito, poder cumplir diariamente un mismo horario para dedicarle a los estudios; permitirá dar constancia, y que los niños no dependan del ánimo del momento para estudiar.


3.-Determinar un lapso de tiempo fijo cada día para dedicarse al estudio. Forma parte de una planificación, que facilitará la actividad en sí misma. Ya que se sabe antes de comenzar qué es lo que se hará y cuándo se terminará, esto hace desaparecer la sensación tan abrumadora que tienen los niños de que "los deberes no se terminan nunca".


4.- Premiar los logros de los hijos, así como imponer algún tipo de castigo ante el no cumplimiento de las pautas acordadas. Es necesario reforzar en forma inmediata las conductas positivas de los hijos, como los logros y avances en sus estudios para que éstos se repitan. Pero también debe castigarse aquellas conductas no deseadas. Las formas de amonestar pueden dirigirse a suprimir aquellas actividades recreativas o lúdicas que los niños practiquen habitualmente y, de las cuales verse privados les signifique un malestar importante; como para asociar la mala acción con éste y evitar repetirlo.


5.- Supervisar el tiempo y esfuerzo que aplican. La función de los padres es de supervisión motivadora frente a la actividad escolar de los niños. Ellos son los responsables de sus deberes y estudios y deben realizarlos ellos mismos. Hay que limitarse a comprobar que utilizan adecuadamente el tiempo necesario y que se están esforzando lo suficiente con el máximo de voluntad; siempre respetando los tiempos propios de cada niño y su ritmo.


6.- Presentarse como modelo para los hijos, predicar con el ejemplo como en los hábitos de lectura, interés por el saber en general, etc. Los padres son el patrón a seguir e imitar de los niños; aunque no lo sepan adquirirán hábitos, costumbres y conductas similares a alguno de sus padres.


7.- Buscar su mejor momento del día para interesarse por los estudios de sus hijos. La tarea y presencia de los padres para el apoyo escolar en tan importante que obliga a que éstos estén con todas sus energías y buena predisposición; por lo cual es importante que respeten sus propios tiempos y que el horario que dediquen a ello sea el más adecuado, según sus actividades laborales u hogareñas.


8.- No permitir postergar su obligación diaria con los estudios en el hogar por cualquier otra actividad de menor importancia. Aquello que en principio puede ser una excepción puede convertirse en una excusa reiterada para cambiar la rutina de estudio y puede romperse el hábito tan difícil de lograr.


9.- Ayudarles a conocer técnicas de estudio apropiadas, como tener una planificación diaria, priorizar materias de acuerdo al esfuerzo que le requiera cada una, etc. Infórmese, hágaselas conocer a los niños y luego ayúdelos a aplicarlas, decida cuáles son las más adecuadas para ellos, evaluando conjuntamente con los niños los resultados que arrojen.


10.- Motivarlos teniendo en cuenta la edad de sus hijos. No es lo mismo un niño que un adolescente. Así como la manera de premiarlos o castigarlos no es la misma; incentivar al estudio requiere tener en cuenta en qué momento de su madurez intelectual y psicológica se encuentra.



SI SU HIJO ES ADOLESCENTE:

Comuníquese con su hijo, mostrando interés por las actividades del colegio (clases, deberes, estudio, exámenes, etc.), sin obligarlo a hablar y sin controlarlo.


Permítale implementar su propio método de estudio, respaldando su búsqueda de independencia y seguridad en sí mismo, para que aprenda a planificarse, fijar objetivos y lograrlos.


Suspenda toda crítica innecesaria, que no sea constructiva, ya que son muy sensibles a las opiniones de los demás, especialmente a la de sus padres, con respecto a sus aptitudes y actitudes.


Establezca pautas de comunicación y de resolución de conflictos claras, ante la presencia de problemas en el ámbito escolar.

Escuche a su hijo, permítale el desacuerdo, pero establezca usted los límites y la disciplina necesarios, siempre desde el afecto.


Hágale saber a su hijo que usted siempre esta presente y disponible, respetando sus propios tiempos y espacio y los de él, para interesarse y ayudarlo en sus obligaciones escolares.


Considere que su hijo modificara su ritmo de aprendizaje, ya que es una etapa con muchas variaciones y cambios constantes.


No dude en consultar con un profesional para más información, y la posibilidad que hoy puede ofrecerle Internet  de acceder rápida y fácilmente a través de la Psicología Online.

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